Narcos

La verdad es que Netflix, salvo muy contadas excepciones, no hace otra cosa que darme alegrías. Sus series del Universo Marvel son excelentes, he disfrutado como un crío con Stranger Things, Abierto hasta el amanecer es un placer culpable, Making a murderer me ha clavado al sillón, Marco Polo goza de una épica magnífica, Orange is the new black me engancha como pocas, House of cards es enorme… y podría seguir y seguir. Las producciones propias de la cadena han hecho que, para mí, HBO ya no sea la grande. El trono, si se lo tengo que dar a alguien, es de Netflix.

Y con Narcos, recién devorada la segunda temporada, no podía ser menos.

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Imagen de los títulos de crédito

Las dos temporadas (1) forman un retablo de la más sucia de las guerras en torno al tráfico de cocaína. Y guerra en todos los sentidos, una guerra de todos contra todos: el cártel de Medellín de Pablo Escobar (2) contra el de Cali, los narcos contra la DEA, la DEA contra la CIA, la policía colombiana contra los narcos, el presidente colombiano Gaviria contra el fiscal general del estado, la guerrilla contra los paramilitares, los paramilitares contra los narcos… Un mundo de alianzas retorcidas, contra natura a veces, en el que las traiciones y la muerte están a la orden del día.

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El auténtico Pablo Escobar

La serie no hace concesiones. Es brutal. Muy pocas (incluso creo que es la única) producciones para televisión han hecho que tuerza el gesto con desagrado ante las acciones de los personajes que veo en pantalla. Ni siquiera he sentido tanto asco por Frank Underwood (3) cuando he visto a Escobar mandando reventar, sin que le temblara el pulso, un avión de pasajeros para matar al presidente. U ordenando la matanza en Bogotá. O… en cualquiera de sus acciones. Sí que es cierto que el actor elegido (Wagner Moura) ha sido criticado sobre todo desde Colombia por su dificultad de dicción (es brasileño), cosa que a mí tampoco me cuadra, pero en fin. El hombre lo hace bien en sus gestos y mímica, y transmite una sensación que creo es la que se quiere conseguir, la de un asesino.

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La sangre no es de Pablo.

Pero, al mismo tiempo, un padre, marido e hijo (4) abnegado y amante de su familia, dimensión que en la segunda temporada se cuida más que en la primera, quizá en la línea utilizada por El hundimiento, en la que, a fin de cuentas, se nos dice que Escobar era un humano. Un humano, con todo lo que ello conlleva. Potencial para el bien y, al mismo tiempo, para el mal más absoluto.

Si hay alguien que destaca en la actuación, es el chileno Pedro Pascal (5), que, sencillamente, lo borda, y cuyo protagonismo en la segunda temporada eclipsa por completo al otro agente de la DEA, Murphy (6), quien fue claramente el hilo conductor-narrativo en la primera. Mención especial también para los sicarios de Pablo Escobar, destacando a Blacky y a Limón, que dan a su actuación el equilibrio necesario entre la sumisión al patrón y la personalidad propia.

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Javier Peña en el cartel promocional.

También las actrices realizan un trabajo soberbio, aumentando su presencia en pantalla en la segunda temporada, destacando a Cristina Umaña (Judy Moncada), Paulina Gaitán (Tata Escobar) y Paulina García (Hermilda Gaviria). Me dejo a muchas y muchos, pero es que el elenco de participantes es abrumador.

Narcos tampoco se olvida de las implicaciones políticas internacionales del tráfico de cocaína. La CIA, como bien sabemos, metió las narices en la jungla colombiana e hizo y deshizo a conveniencia de los Estados Unidos. Con elegancia, la serie lo refleja en unas pocas escenas, sin abusar, con unos diálogos que resumen perfectamente la situación y te hacen, una vez más, torcer el gesto. Porque esta serie no es de malos y buenos. Es, como la vida real, de malos y más malos. Del mal menor y del sufrimiento de gente inocente por las luchas de poder y la avaricia de unos cuantos.

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Peña y Murphy, rock in the jungle.

El hijo de Pablo Escobar, Juan Pablo Escobar, menciona una lista con los errores más clamorosos de Narcos. Evidentemente, es alguien con bastante autoridad en el asunto (7), pero no olvidemos que se trata de una serie. Vale que con pretendido rigor histórico, pero ya al principio se avisa que está “basada en hechos reales” y que se han dramatizado ciertos eventos y cambiado nombres. Es decir, que no es un documental, sino una ficción histórica. Lo recomendable es disfrutarla (o asquearte viéndola, según) y que sirva de puerta de entrada. Si quieres saber toda la verdad, hay que acudir a los ensayos que hay sobre el tema. Nunca te puedes quedar con que en las producciones televisivas y fílmicas se vende la verdad sin ambages.

Muy, muy recomendable. Ganas de seguir con ella, se supone que en posteriores temporadas contra el cártel de Cali (8).

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Wagner Moura como Pablo Escobar.

1: Se ha anunciado la renovación para una tercera y cuarta.

2: Auténtico protagonista en una serie coral y en la que los dos agentes de la DEA, Murphy y Peña son los hilos conductores y, más o menos, el punto de visión.

3: Kevin Spacey en la mencionada House of cards.

4: La madre de Escobar casi me produce más tirria a veces que el propio narco.

5: Oberyn Martell en Juego de Tronos, por ejemplo.

6: Interpretado por Boyd Holbrook.

7: Publicó en 2014 su libro Pablo Escobar, sobre su padre y su vida en común.

8: Más que nada, porque en el último capítulo de la segunda temporada se cargan a Escobar. Lo que, por cierto, me hizo exclamar un “¡Joder, por fin!”

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11 thoughts on “Narcos

  1. Yo la he terminado hoy mismo. Una serie alucinante a la que también le pienso dedicar un artículo en el blog. Me ha encantado ver una historia que, como bien dices, no es de malos ni buenos, si bien nadie duda de que Pablo Escobar fuese un “berraco hijueputa”. Pero ahí había mucho más… y la CIA y la DEA yanquis son dos buenos ejemplos, así como muchos dirigentes y altos cargos colombianos.

    ¡Nos leemos!

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    1. Ya dirás qué te parece. Más que una serie sobre narcotráfico, es… una mezcolanza, como lo es la historia. Tanto biografía, como política, análisis de las redes de distribución de droga, relaciones internacionales. Es compleja y multifacetada.

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      1. Me gusta, me gustan que sean complejas. Ahora llevo una racha de empezar series y no seguirlas que no sé qué me pasa, nada me atrapa. Esta semana dejé en el segundo capítulo Outlander (mira que ésta va de viajes en el tiempo, temática de mi primer libro), Banshee, True Blood… incluso Juego de Tronos (aunque voy por la cuarta temporada) no termina de engancharme. Me gusta, la disfruto, pero no llego a necesitarla. Igual es cosa mía que llevo una racha que me centro menos en las cosas y no las disfruto tanto, pero me parece curioso. ¡Un saludo!

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      2. Justo al contrario que yo 😀
        Es un poco raro, pero prefiero devorar series en plan atracón que ponerme a ver películas. Me da un poco de pereza, aunque siga viendo bastantes, y creo que es porque prefiero un desarrollo a lo largo de mucho más rato que el marco restrictivo de una película.

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    1. Pues también es posible. Aunque reniegue de las acciones de su padre, en el plano personal seguirá queriéndolo y recordándolo como lo que era para él, así que, independientemente de los errores históricos o licencias artísticas, algo de eso puede haber.
      ¡Gracias por pasarte!

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