El hogar de miss Peregrine para niños peculiares

La nueva película de Tim Burton. El mismo genio de Bitelchús, del Batman más gótico, del fascinante Eduardo Manostijeras, de la sarcástica Mars Attacks!, de la estupenda Pesadilla antes de Navidad… que aborda la adaptación al cine del libro de Ransom Riggs, destinado a adolescentes. Eso, para empezar, puede suponer un escollo para mí, porque, aunque no peine canas (1), la ficción para young adults me deja un poco frío por falta de sintonía.

Pero es Tim Burton, oye.

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Cartel promocional.

Claro que, viendo lo que ha hecho desde El planeta de los simios en 2001 (2), a lo mejor tengo que dejar de pensar que este hombre es oro puro tras las cámaras. Es decir, que fui a verla no sabiendo muy bien qué encontraría, y salí pensando que no era para mí. Es demasiado “para adolescentes” para mi gusto, pero, además, es que Burton dirige con lo que a mí me parece es una desgana épica. Por cumplir el expediente. Como si se lo hubieran hecho hacer por cumplir un encargo que no tenía ganas de acometer.

Un cúmulo de situaciones potencialmente interesantes pero fallidas. No sé si en el libro (3) la trama está mejor conseguida, pero la película no es que haga aguas, sino que, sencillamente, no interesa por el ritmo cansino que Burton imprime. Si bien nos encontramos con un primer acto interesante, divertido y misterioso (4), en la que ocurre la mejor secuencia de la película con la presentación de los niños que Miss Peregrine tiene a su cargo, todo deriva en una situación de escenas que se ciñen al malo con unas aspiraciones que pasan por ser un letmotiv conductor del argumento bastante cutre. Confrontación final en la que los niños salvan el día y se acabó. Muy decepcionante.

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Foto de familia.

Como decepcionante es la que teóricamente es la escena cumbre de la película, una batalla de esqueletos animados mágicamente contra los bichos malos (5), un homenaje al slow-motion que, francamente, es bastante lamentable con gracietas de slapstick que provocan, como mucho, una sonrisilla. Una escena, por cierto, en la que una de las pocas cosas que me resultaron grandiosas de la película (6) queda totalmente oscurecida por un tema electrónico que es el que se supone suena en las ferias donde tiene lugar la confrontación (7). El cutrerío general queda, creo yo, de relieve cuando se leen estas declaraciones de Burton sobre su cameo.

libro
Cubierta del libro.

¿Qué salvar de la película? La respuesta tiene nombre y apellidos. Eva Green. Una actriz que me fascina desde que la vi en Casino Royale y cuyo magnífico trabajo es capaz de hacer subir enteros a cosas como esa fallida segunda parte de 300. En la parte negativa, casi podemos decir que se trata de una secundaria, pese a que dirige el orfanato. Los niños, y principalmente Asa Butterfield y Ella Purnell, son los que poseen el protagonismo. Pero Eva Green, cuando aparece, lo hace para comerse la pantalla, literalmente. Personalmente, me pareció que optaba por una caricatura del personaje, adoptando tics, sobre todo al fumar en pipa, que pretendían establecer el símil aviar del que no voy a decir más cosas para no espoilear y todo eso.

Eva Green, porque de los adultos, solo cabe reseñar a Chris O’Dowd en su papel de padre tirado y pasota; Samuel L. Jackson pasa sin pena ni gloria y cumple un mero trámite de villano histriónico y de Judi Dench mejor no hablo, porque su papel, además de ínfimo, es lamentable.

En suma, una decepción bastante grande. Ni siquiera el rollo de los bucles temporales, con lo que a mí me gusta el tema, logró que abandonara el sopor que me producía.  Y si alguien quiere verla por Eva Green, mejor que se ponga Penny Dreadful.

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Burton, dirigiendo… con no mucho acierto.

1: Porque no me han salido, pero tiempo han tenido para hacerlo.

2: Para mi gusto, solo se salvan Big fish y Big eyes.

3: Y no lo voy a leer, lo digo ya.

4: Los que se autodenominan “mejores raperos de la isla” son geniales.

5: Los huecos. Unos seres muy feos y tal.

6: La banda sonora, maravillosa casi en su totalidad. Casi.

7: En general, aborrezco la música electrónica, sobre todo la repetitiva, machacona y pelmaza como la que suena en, precisamente, las ferias. Sin embargo, la utilización sabia de la misma puede crear unas combinaciones geniales, como es el caso de The Knick.

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