El romance del falso caballero (III)

(Parte I)(Parte II)

Los caballeros de la Tabla Redonda enmudecieron al contemplar a la mujer que les lanzaba una mirada desafiante. Nadie se atrevía a romper el silencio en el que, atónitos y boquiabiertos, se habían sumido. Colorada la cara por la ira que sentía, fue Kay quien se decidió a protestar por tamaña osadía, pero Merlín, en un veloz movimiento, puso la mano en su hombro y, con unas fuerzas que desmentía su delgado cuerpo, le impidió incorporarse.

El senescal permaneció en su sitio, lanzando chispas por los ojos.

–Contadnos, noble dama –dijo Merlín, sonriendo–, cómo fuisteis capaz de tal hazaña, entonces. Mas antes… ¿hemos de seguir llamándoos Cowgeran, como vuestro finado padre?

–Si os place –contestó ella, inclinando la cabeza en un gesto de agradecimiento por las palabras del mago–, llamadme con el nombre que mi madre eligió para mí el día de mi nacimiento. Llamadme Elin, os lo ruego.

–Elin entonces –dijo Arturo, dando una palmada y concediendo permiso regio para que la mujer relatara su combate con Tremolgón.

–Gracias, majestad. –Perceval tomó asiento, mirando aún con cierta reticencia a Elin–. Hace cuatro días, poco después del alba, mi hermano y yo nos encontrábamos paseando. Las mañanas de verano son muy hermosas en las tierras donde vivo, y solía dar largas caminatas por los caminos que se adentran entre las espigas de trigo maduro, los árboles de jugosas manzanas y las vides de negras uvas. Mi hermano Seirian disfrutaba más montando a caballo, pero le gustaba escuchar cómo cantaba y siempre aplaudía regocijado cada vez que terminaba una canción.

»Decía que era como escuchar a un ruiseñor.

Bors se giró hacia su hermano, bromeando:

–Quizá hechizó a Tremolgón con una nana y le cortó la cabeza, ¿no crees?

Sin percatarse del comentario, Elin continuaba:

–Sin embargo, mi hermano se encontraba alicaído, y ni siquiera mis canciones más alegres conseguían animarlo. Le pregunté qué le pasaba. “No es nada, hermanita”, contestó, pero supe que me estaba mintiendo. Insistí y tras preguntárselo varias veces y amenazarle con enfadarme, me confesó sus cuitas.

»” Padre ha hablado con su amigo, el duque Ronet. Han hablado de casarte con su hijo”. Lo miré sorprendida, porque no podía creer que mi padre estuviera considerando siquiera el casarme con alguien a quien ni siquiera conocía.

»”¡No!”, le dije, pero Seirian me tomó la mano con delicadeza y la besó en el dorso, un consuelo que evitó que mis lágrimas fluyeran como un torrente por la pena e ira que sentía. No estaba dispuesta a consentir que un desconocido me arrancara del lado de todo aquello que conocía y amaba.

»Pero, por desgracia, toda esta historia quedó olvidada cuando llegó Tremolgón. Sentimos un fuerte viento que azotó nuestros cabellos y escuchamos un silbido tan potente que nos obligó a arrojarnos al suelo, tapándonos los oídos. El aire se enrareció, como ocurre justo antes de estallar una potente tormenta, y una luz azulada, terriblemente brillante, apareció cerca de nuestra casa, como un óvalo resplandeciente del que, un instante después, salió el horrible gigante.

»Sus piernas eran como dos troncos de haya, sus brazos tan gruesos como cinco jabalíes puestos uno junto a otro, y su cabeza, pelada como un huevo, apuntaba hacia arriba, deforme, tan repugnante que me produjo un escalofrío de terror al contemplarla. Mi hermano gritó algo, no recuerdo qué, y Tremolgón, que estaba a punto de descargar su poderoso puño contra el tejado de la casa donde estaban mis padres, se giró y nos vio, soltando una risotada que retumbó como el trueno.

»Paralizada, vi cómo Seirian se lanzaba a una desesperada carrera, sin armas ni armadura, y aunque intenté advertirle de la locura que estaba a punto de cometer, las palabras no abandonaban mi boca.

»Contemplé con horror cómo Seirian, que tantas justas había vencido y tantos combates ganado en justa lid, era aplastado por Tremolgón, que no paraba de reírse mientras lo reducía a pulpa.

¡Sigue leyendo!

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15 thoughts on “El romance del falso caballero (III)

  1. Mira, aunque se haga referencias a los mitos nórdicos, tiene la gracia de los mitos mediterráneos: «Mitofusión», ¡oh, yeah!
    La historia se pone interesante por momentos. Y me gusta la protagonista. —En el sentido literario; no, no soy un pervertido… bueno, sí, pero no lo puedo confesar—.

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    1. 🙂 🙂 🙂
      Bueno, en realidad, cojo la base del mito artúrico y le pongo lo que me viene a la cabeza, siempre que no desentone. De hecho, no hago otra cosa que seguir lo que hicieron las gentes que escribieron obras del ciclo artúrico en la Baja Edad Media, que leer según qué cosas es pensar que se habían fumado algo raro si se compara (la literatura caballeresca en general) con las obras digamos normales del medievo.

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