El romance del falso caballero (IV)

(Parte I)(Parte II)(Parte III)

La reina, con el rostro demudado, aprovechó que Elin había callado en su relato al recordar los tristes momentos de la muerte de su hermano y se acercó hasta ella, casi de puntillas, como temiendo quebrar el silencio. Pese a no ser mucho mayor que ella, Ginebra la rodeó con amorosos brazos, y ambas permanecieron por un instante fundidas en un tierno abrazo que devolvió la fuerza a Elin.

–Sentí –continuó– como si un hierro al rojo retorciese mis entrañas y un grito desgarrador surgió de mi garganta que no fue escuchado por Tremolgón, ocupado entonces en descargar sus gigantescos puños contra el techo de la casa de mis padres.

»El edificio cayó bajo su inmensa fuerza, aplastando a los que en el interior se hallaban, y supe que toda mi familia había abandonado este mundo. La pena y el horror, sin embargo, fueron pronto sustituidas por una furia que me invadió amenazando desbordarme.

Hizo otra pequeña pausa, elevando con orgullo su blanco rostro, y dejó salir las siguientes palabras entre los dientes apretados:

–Habéis de saber, nobles señores, que no solo mi hermano Seirian fue entrenado en el arte de la lucha con espada y escudo, pues debido a mi deseo de jugar y compartir todo el tiempo posible con él, mi padre atendió a mis ruegos y me permitió recibir lecciones del instructor que fue contratado para ello.

»Aun a riesgo de pecar de altivez, he de deciros que el instructor decía que no había visto a nadie en su vida, hombre o mujer, que fuera tan grácil manejando el filo ni tan ducho parando con el escudo.

El rey cruzó pensativamente las manos frente a sí, contemplando a la muchacha que estaba resultando ser todo un pozo de sorpresas.

–Decidí que mataría a Tremolgón o caería en el intento –siguió hablando Elin–, y me dirigí lo más rápidamente que pude hasta la armería, no muy lejos de nuestra hermosa casa convertida en cascotes, y aferré el pomo de mi espada. Por un momento valoré coger también mi escudo, pintado con los colores verde y plata, pero supe que no podría salvarme de un golpe del gigante.

»Sin protección alguna, por tanto, me dirigí a enfrentarme con el malvado.

»”¡Tremolgón!”, grité una y otra vez intentando que mi voz se sobrepusiera al infernal ruido que con su destrucción provocaba. “¡Tremolgón, demonio! ¡Lucha conmigo!”, y ese desafío sí pareció escucharlo, porque lentamente se dio la vuelta hasta mirarme, con el mismo gesto en el rostro que alguien tiene cuando mira a una insignificante hormiga.

»Sin arredrarme, levanté el acero de mi espada hacia él, y quiso la casualidad que el sol se reflejase en el arma provocando un brillo que incidió directamente en los ojos de Tremolgón. El gigante bizqueó. Lo vi y, dispuesta a aprovechar cualquier mínima ventaja, lancé un tajo contra sus pantorrillas con toda la fuerza de la que fui capaz.

–¿Cayó a tierra? –preguntó el Bello Desconocido, subyugado por la historia de Elin.

–Cayó, mi señor –respondió ella–. Y fue como si una montaña se desplomara cuando, aullando de dolor, su rodilla se posó en el suelo, levantando tal polvareda que mis ojos lagrimearon.

–¿Y después? –inquirió entonces Galahad, cuyos ojos brillaban al escuchar un relato de bravura y valor–. ¿Le disteis el golpe mortal?

–Así es, mi señor. –Elin asintió con gravedad y asió la empuñadura de su espalda, colgada al cinto–. Con este acero corté su garganta, haciendo que Tremolgón sangrase de tal modo que parecía que un torrente había sido liberado tras permanecer siglos confinado por un dique. Aun tuvo presencia de ánimo para dar un par de manotazos en mi dirección, pero lo esquivé sin problema echándome hacia atrás. Poco después, se desplomó por completo, y su cara quedó oculta en un mar de su propia sangre.

¡Sigue leyendo!

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12 thoughts on “El romance del falso caballero (IV)

  1. Si hay una mujer de armas tomar, literalmente, esa es mi Elin.
    Sólo un pequeñísimo comentario: Creo que se te escapó um plural en «y se acercó hasta ellas», justo al principio. Quitas una ese y solucionado.
    ¡Voy a por el siguiente, pero ya!

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    1. Se agradece cualquier comentario ortográfico, sintáctico o lo que sea. Más que nada, porque lo escribo, lo repaso solo una vez, y lo cuelgo (que no es lo que hago con el resto de lo que escribo, que pasan un mínimo de tres relecturas)
      Es decir, que no tengáis empacho en decirme cualquier fallo, para que pueda enmendarlo 😉

      Le gusta a 1 persona

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