El romance del falso caballero: Capítulo 8 (VII)

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8: (I) (II) (III) (IV) (V) (VI)

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—¿Qué queréis decir, dama Elin? —preguntó Perceval mirándola intrigado.

La joven movió la mano como pidiéndole silencio y se acercó con pasos raudos hasta la pared hasta casi pegar la cara en el dibujo de una mujer vestida con túnica vaporosa que danzaba con aspecto feliz y risueño. Elin dio unos golpecitos en la zona del cuello de la figura y se volvió hacia sus tres compañeros sonriendo.

Ellos vieron lo que quería decir: aunque la pintura estaba un tanto descascarillada por el paso del tiempo y la falta de cuidados, se veía a la perfección la gargantilla que lucía la mujer pintada, y de ella…

—¡Es la joya de vuestro medallón! —exclamó el Bello levantándose de un salto.

—Es cierto. —Perceval también se levantó e indicaba otra mujer dibujada en la pared—. ¡Y mirad! ¡También esa figura lo luce!

Elin se acarició el mentón mirando a un lado y a otro, sabiendo qué buscar; había varias figuras en la sala cuyos cuellos estaban ornados por la joya que pendía de su propio collar, bien en hermosas gargantillas de plata, bien en cadenas de eslabones dorados. La joya, el medallón que Merlín le había dado y Firdánir dijo perteneció a su abuela, era la constante en todas esas figuras, como si hubiera sido traspasado de una a otra. Como si fuera el lazo que unía a un linaje que llegara hasta ella.

—Creo… —Su voz sonó débil por la emoción que la embargaba—. Creo que son mis antepasadas.

El Bello, junto a ella, asintió en silencio y posó la mano con suavidad en el hombro de Elin, quien lo miró con ojos húmedos.

—No quiero parecer descortés —dijo Niall rompiendo el momento—, pero ¿en qué nos ayuda eso?

—Algo es algo, caballero. —Perceval, girándose, se encaró con él y en su rostro había cierta ira mal reprimida—. Los misterios se han de resolver paso a paso…

—¡Y he ahí el siguiente! —exclamó Elin dichosa—. ¡Mirad en ese otro fresco! Esa mujer no lleva joyas al cuello, mas la porta en la mano. ¡Y mirad qué hace con ella!

—¿Está… posando la joya sobre una caja? —continuó, aunque dudando, el Bello.

—¡Un joyero! —Elin corrió hacia el dibujo y se acuclilló para verlo con mayor detalle—. ¡Es un joyero!

Se sacó el collar mientras seguía contemplando el fresco y apretó el puño cuando tuvo la joya en la palma, como si temiera que, habiendo descubierto que se trataba de una suerte de llave, pudiera volatilizarse. Con voz grave, añadió:

—Debemos encontrar ese joyero.

De inmediato los cuatro volvieron a recorrer la casa de cabo a rabo sin dejar ni un resquicio por mirar, sabiendo ahora cuál era el objetivo de su búsqueda. Sin embargo, dos batidas después, se reunieron en el atrio de la villa con gesto desanimado.

—¿Nada? —preguntó Elin. Los caballeros negaron con la cabeza abatidos—. Quizá no esté en la casa, quizá…

—Es posible que fuera enterrado en las cercanías —comentó el Bello cabizbajo.

—O que alguna de las oleadas invasoras de Vortingern lo robara —apostilló Perceval.

Ninguna de las dos opciones era buena, pues implicaba que la caja, contuviera lo que contuviese, estaría perdida casi con toda irremediabilidad. Sin embargo, Elin no estaba dispuesta a rendirse y dijo forzando una sonrisa optimista:

—Descansemos esta noche, amigos míos. Pronto el sol se pondrá y necesitamos un buen sueño reparador. Mañana seguiremos pensando en esto y… ¡seguro que algo se nos ocurre!

Alentados por su buena disposición, los tres aprobaron las palabras de la joven y se dispusieron a tomar un bocado antes de dormir.

¡Sigue leyendo!

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23 respuestas a “El romance del falso caballero: Capítulo 8 (VII)

  1. No lo he leído, como te dije me guardo esta historia para un fin de semana de los de chimenea y manta, y entonces y solo entonces me daré el gustazo de disfrutar de esta historia. Además, así da tiempo a que haya más material y tenga que gastar más leña. Lo merecen el autor y la obra.
    Pero no pienses por ello que no estoy al tanto de estas entradas: cada vez que veo una nueva me digo, ¡bien! ¡La cosa marcha! Porque veo como mis ahorros en capital de disfrute van creciendo y creciendo, para el día en que me decida a romper esta hucha…
    Sirva todo esto para darte animo y mi agradecimiento!
    Un abrazo, Luis!

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    1. Gracias por tus comentarios, Israel. Cosas como esta animan, como bien dices, a seguir escribiendo para que disfrutéis. Y como la idea es, cuando la acabe, publicarla en Kindle, cuando esté podrás pillarla y darle caña de una tacada 🙂
      ¡Un abrazo para ti también!

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    1. Cuida con la curiosidad, que ya sabes lo que le hizo al gato (pobre gato) 😀
      Creo que ya te lo he dicho, pero me repito (como el ajo): cuando la termine la sacaré en Kindle, así que podrás darle caña si quieres del tirón 😉
      ¡Un abrazo, Ana!

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  2. Creo que las altas temperaturas afectan a la tinta de vuestra pluma y por esa razón andaís algo parco en palabras Milord. Paciencia a ver si enocntramos la caja del medallón. ¿Ha mirado bien vuecencia en la bodega? Al bello no le mande porque es más miope que un topo con gafas de corcho. Un abrazo.

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    1. ¿Que el Bello es qué? 😀 😀 😀 😀 😀
      Si es que con este agosto de calores no apetece sudar mucho ante el teclado, en efecto. Aunque en esta entrada, teniendo en presente tu último rapapolvo, me extendí un poco más… 🙂

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  3. Ya parece que alguien más ha apuntado lo de la bodega.
    Es como cuando ves la peli y todo el mundo en el sofá comienza a gritar: «¡En el armario, imbécil, está en el armario!», «Pero vuélvete, gilipollas, que lo tienes detrás», «¡Sínsola, para qué metes la mano ahí si sabes que se te la van a comer con papas!»
    Pues eso: «¡En la bodega, gilimusis, buscad en la bodega, que en conjunto sois más torpe que un puñado de políticos haciendo un presupuesto sin recortes ni prevendas!»
    Estupendo capítulo en el que aparece, por fin, la función de la joya. O por lo menos lo apunta. Se nota que la trama ya va estando calentita porque se pasa de muchas preguntas y pocas respuestas justo a lo contrario. Aunque aún estamos en el capítulo 8. ¿Tendrá esta novela el estándar de 24, o será más breve?
    Seguiremos pendientes de las peripecias de la contundente y ácrona Elin…

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    1. ¿En la bodega? ¿Seguro?
      No, si al final, voy a tener que llevarlos de nuevo allí por aclamación popular 😀 😀 😀
      Respuesta sobre los capítulos: Van 52842 palabras; en mi mente, quedarían solo tres capítulos más. O cuatro, no sé. Y, con esto en mente, calculo que llegaremos a las 75000, ya veremos.

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