El romance del falso caballero: Capítulo 8 (IX)

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8: (I) (II) (III) (IV) (V) (VI) (VII) (VIII)

Aubrey Beardsley - Le Morte d'Arthur_02.jpg
Ilustración de Aubrey Beardsley para La morte d’Arthur.

 

La joven notó los ojos anegados en lágrimas. Aunque no la había conocido, el breve momento pasado con su abuela la había llenado de ternura y amor, último representante de una familia que había perdido para siempre. Daba igual que solo hubiera sido una aparición, o una proyección mágica, o cualquier otra cosa que Elin no entendía: lo importante era que había sido Ula misma quien la había hablado, y eso ella no lo olvidaría mientras viviera.

Secándose las lágrimas que le corrían por el rostro, se dirigió con pasos raudos a la oquedad del suelo, dispuesta a encontrar, en ese mismo momento, el joyero oculto, aquello que había ido a buscar por indicación de Firdánir. Pensar en él, muerto bajo el terrible peso de la criatura en el mundo de los elfos, le hizo sentir una nueva punzada de dolor, pero se recompuso con rapidez y, tragando saliva, descendió al pequeño sótano, al escondrijo.

Ni se le había pasado por la cabeza avisar a ninguno de sus compañeros.

Lo que sí había recogido era su yelmo, que pensaba utilizar a modo de pala al recordar que el suelo del sótano era de mera tierra apisonada, por lo que podría cavar sin problemas. Al ser un sitio tan pequeño, confiaba también en no gastar mucho tiempo —y energías— buscando el tesoro enterrado.

La fortuna estuvo de su parte.

No llevaba mucho rato con la tarea cuando el borde del casco golpeó en algo sólido. Había abierto tres pequeños agujeros en el suelo apartando la tierra y formando montones con ella, como una minera aficionada o una niña que jugara en la playa, y el sonido del metal contra metal la hizo sonreír. Duplicó sus esfuerzos y velocidad y remató su labor de excavación apartando la tierra que cubría el joyero con las manos, levantándolo y llevándolo ante sus ojos para captar los detalles de la caja a pesar de que la luz que llegaba desde arriba, en plena noche, era muy tenue.

Así, adivinó, más que vio, una caja que parecía ser de plata —pues los brillos que arrancó a la escasa luz de la luna le resultaron argentinos, aunque sabía que, de ser enterrado, cualquier objeto de este metal se ennegrecía—, un poco más grande que su mano, con cuatro graciosas volutas a modo de patas y una figura labrada en la tapa que, de inmediato, supo que se correspondía con su medallón.

Loca de alegría, ascendió la escala para abrir el joyero y descubrir los secretos que en él se contenían. Un mapa, le había dicho Ula. Recordó las palabras de Firdánir sobre la pasión cartógrafa que a su familia consumía y dedujo que lo que había escondido su abuela debía ser una acumulación de los saberes geográficos acumulados a lo largo de generaciones… aunque no se explicaba cómo podrían caber lo que suponía serían cientos de planos en tan reducido espacio.

Deseosa de desentrañar el misterio, se quitó el medallón del cuello una vez hubo subido y, cerca de la zona del atrio que más luz lunar recibía, lo encajó en el bajorrelieve.

Se oyó un chasquido, como de un mecanismo que entra en funcionamiento, y la tapa comenzó a abrirse de forma parsimoniosa.

Por desgracia para Elin, no llegó a ver qué era lo que había en la caja.

Sin percatarse de quién, sin haberlo escuchado, alguien se deslizó subrepticio a su espalda y la golpeó con la empuñadura de su espada en la parte superior de la cabeza, un golpe tan fuerte que la sumió de inmediato en la más profunda de las negruras tras un alfilerazo de dolor incandescente.

¡Sigue leyendo!


9 respuestas a “El romance del falso caballero: Capítulo 8 (IX)

  1. Niall, lo sabía. ¿O un extraño que ha aparecido a última hora? Misterio, intriga y dolor de barriga; de cabeza para nuestra valiente heroína.
    Por cierto, al estar enterrada, la plata se ennegrece cosa mala y para sacarle el brillo hay que lavalla y frotalla cosa mala. Lo digo por lo de los reflejos.
    Por cierto, ¿el advenimiento de los O’Neill coincide con la época de la supuesta historicidad de Arturo? ¿Será este Niall uno de tal estirpe buscando poder para su clan? ¡Qui lo sá!

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    1. Leche, no había caído en lo de la plata. Voy a sacarme de la manga un metal mágico chipiguay que “parezca la plata” que no envejece ni se oscurece ni ná 😀 Gracias por la anotación.
      ¿Será Niall? ¿Qué será Niall si lo es? Ah…

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  2. Vaya palo, nunca mejor dicho, ya que la chica había conseguido el joyero, van y la dejan cao, y a ver ahora quien ha sido… Lord tienes muchas ganas de dar intriga a tus lectores. Ahora dos misterios quién golpeó a Elin y qué hay dentro del joyero, siempre nos dejas con la duda jajaja. Esperaré al próximo capítulo, amigo. Besos a tu corazón y gracias infinitas.

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