Páginas malditas de Arabia

PÁGINAS MALDITAS DE ARABIA

KitabAl-Azif
El Kitab al-Azif (vía http://es.hplovecraft.wikia.com/wiki/)

 

La magnífica casa de Pedro Martín, hijo de rancia familia noble castellana, propietario de títulos y honores, servidor en la corte del rey Alfonso, retemblaba con los gritos histriónicos del propietario. Sus talones descalzos golpeaban con fuerza el suelo provocando unos golpes como de martillazos, una cadencia que acompañaba su vociferio creando una suerte de obra musical procedente del ardiente Infierno.

—Mas ¿qué ocurre, por Dios santo? —preguntó el hombre pasando una recia mano por su mentón rasurado. En sus ojos se leía el espanto al escuchar a Pedro Martín gritar como si le arrancaran los ojos con una daga rusiente.

—Majestad, yo… nosotros… —El fiel de la religión del Profeta, Abdul, no sabía qué responder. Había llegado esa mañana, como todas, al hogar del noble cristiano para trabajar con él en la traducción de un volumen de Aristóteles, pero se había encontrado la puerta atrancada y un ruido de golpes que le parecieron los propios de una trifulca tabernaria, por lo que había corrido a buscar ayuda. Explicó mirando al rey—: No sabemos qué es lo que pasa ahí dentro, aunque parece que solo es don Pedro quien se encuentra en la casa.

—Abrid entonces de una vez las puertas. —El rey dio la orden con autoridad, pero también con aspecto cansado, como quien tiene que explicar a un niño qué debe hacer a continuación.

—Majestad… no… podemos —replicó el hombre, y varios soldados cercanos asintieron moviendo la cabeza.

—¿Cómo que no podéis?

Alfonso se dirigió hacia la puerta de entrada, pero interrumpió el movimiento a mitad cuando se oyó una de las ventanas quebrarse. El vidrio —don Pedro era uno de los escasos propietarios de casas que tenían ventanas acristaladas en Toledo— cayó hecho añicos al suelo en una zona alejada de donde estaba el rey, por lo que no hubo perjuicio para su persona; con todo, un par de diligentes soldados corrieron a ponerse a su lado para evitarle cualquier daño.

En la primera planta de la casa, la cara de Pedro Martín apareció, moviendo a la congoja a los presentes dado que en sus mejillas había gruesos surcos en la carne y la sangre le chorreaba por el torso desnudo, donde también sus uñas habían hendido la piel. Tenía la mirada desquiciada y el pelo, de normal cuidado, estaba alborotado a más no poder.

—Es la viva imagen de la locura —musitó un soldado persignándose.

—¡Don Pedro! —gritó el rey con voz grave—. ¿Qué os aflige? ¡Dejadme ayudaros!

—¡No podéis! —contestó él tras soltar una risa de cuervo. Sacó un brazo para agitar un volumen, uno de tantos libros que en su casa se guardaban—. ¡Nadie puede ayudarme!

Tras decirlo, asomó el otro brazo, en el que portaba una antorcha. El fuego tremoleó al recibir la ligera corriente de aire que recorría la ciudad esa mañana.

—¡Parad! —El rey abrió los ojos al ver que estaba a punto de quemar el libro. Fuera cual fuera su título, no merecía arder.

—¡Es la única manera de librar al mundo de este horror! ¡Nadie debe posar sus ojos jamás sobre esta… blasfemia!

—¡Os lo ruego! —pidió Abdul—. Bajad y hablaremos de…

—¡No! —lo cortó don Pedro—. He leído las revelaciones del sabio Alzhared y el conocimiento en él contenido me ha abierto los ojos… ¡Es un mundo frío y oscuro, lleno de demonios! ¡No somos otra cosa que insectos para ellos!

—¿Qué dice? —preguntó el rey a Abdul extrañado.

—No… no sé, majestad. Quizá se refiera al libro que me comentó iba a empezar a traducir.

—¿Qué libro? ¿El que está amenazando con quemar?

—Supongo… KitabKitab al-Azif, creo que es su título.

Alfonso se pasó la lengua por los labios al notarlos, de manera repentina, secos como la arena del desierto de Arabia tras escuchar el nombre del libro. No lo conocía, pero aún así, le vinieron a la mente imágenes horribles y malévolas.

—¡Sea mi última obra una de bondad! —Don Pedro retomó su cantinela de loco—. ¡Que permanezca la humanidad inconsciente de esta terrible verdad!

La llama prendió con rapidez en el tomo y, desobedeciendo los perentorios gritos de Alfonso que le prohibían hacerlo, acercó la tea a su cabeza. Sonriendo, prendió sus cabellos. La carne se quemó con rapidez y el fuego se extendió por su cuerpo como si estuviera rociado de aceite para candiles. Los gritos de agonía fueron casi más horribles que el hedor y, con sus últimas fuerzas, don Pedro se impulsó para arrojarse hacia el suelo y encontrar su final, sujetando el Kitab al Azif hasta el último momento.

Libro y hombre se consumieron hasta que no quedaron otra cosa que cenizas ante las horrorizadas miradas de los presentes.

Páginas malditas de Arabia

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30 respuestas a “Páginas malditas de Arabia

    1. ¡Muchas gracias, Carmen! Lo que más me agrada de escribir y compartir mis textos, es que os haga pasar un rato ameno.
      No te pierdas la entrada de hoy, si te gustan las lecturas con toques de terror y sobrenatural… 😉
      ¡Abrazo de vuelta!

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      1. He leído casi todo de Lovecraft, es uno de mis autores favoritos.
        También Stephen king es uno de mis preferidos.
        Aunque realmente le lectura para mi es muy importante así que leo hasta mangas.
        Feliz día Lord, espero tu müki.

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      2. Vaya! No habías dicho eso antes (o yo no lo había leído), así que me alegra saber que eres lovecraftiana 😉
        Espero que mis relatos de “El ciclo de Cthulhu”, como he venido a bien titular, sean de tu agrado y respetuosos con el maestro.
        Feliz día para ti también. En cuanto pueda, me pongo el kimono y hago unos versos 🙂

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  1. Mira que he paseado veces por lugares infestados de riscos y cárcavas donde abundan los cuervos, y aún no sé cómo suenan sus risas. Ya sé que tú y solo tú eres quien tiene potestad para decidir cómo presentar tus obras, pero si querías transmitir la sensación de sequedad en sus labios, habría resultado más conciso “resecos como el ojo de un tuerto”. E independientemente de lo anteriormente escrito, decirte que me ha resultado tan interesante como ameno.

    Saludos

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    1. Fran, aquí me entrometo: hay algunas especies de cuervos y urracas a los que se les puede enseñar a “hablar”, como a los loros. No estará en su naturaleza la risa, como tampoco en la de la hiena por mucho que se diga, pero no es raro pensar que puedan hacer un sonido similar.

      Aparte de que la personificación es una figura literaria interesante, como todas, siempre que se mida la dosis y se adecue al contexto.

      Por lo demás estoy de acuerdo, me ha encantado el relato, muy bien ambientado en ese Toledo que fue la puerta del saber oriental (y el clásico) a Occidente.

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      1. No, no, para el blog siempre tengo tiempo. Para leer vuestras entradas, comentar lo que puedo, y seguir colgando las mías. Y, desde luego, para responder siempre en lo que vosotros colgáis en mis entradas, eso siempre. Mal anfitrión sería 🙂
        Lo cierto es que tengo muchas cosas ahora de las que ocuparme, siendo la novela que mencionas solo una de ellas…

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    2. Por supuesto, los cuervos no se ríen 😉 Es una figura literaria a lo metafórico/símil (no exactamente) que equipara una risa humana con un graznido de cuervo, de forma tal que el lector piensa en una carcajada rota, incluso desagradable…
      En cuanto a los labios secos, juego con la procedencia del libro: en la mitología lovecraftiana, el “Kitab al-Azif”, también conocido como “Necronomicón”, fue escrito por Abdul Alzhared en el desierto de Arabia. Es una broma metalingüística 🙂

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  2. Como siempre cuando escribes sobre estos monstruos lovecraftianos, consigues picar mi curiosidad: Así que el monstruo es el libro en sí haciendo enloquecer a los que lo leían…. Más tarde conocido como Necronomicon, muy curioso.
    El relato, también como siempre, bien escrito y captando la atención gracias al suspense.
    Besacos, Lord!

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  3. Burururutalmente bien escrito: nos traes y nos llevas por todo el relato a tu antojo. Y, lo peor, es que nos dejamos.
    Pero el final lo veo un poco flojillo. Quizás unos demonios desventrando a toda la guardia del rey o algo así… Es broma, que lo sepas.
    En fin, permea este relato mi subsconsciente, como el ruidito ese que hacen los escarabajos por la noche y que se percibe entre el trajín de lo grillos.

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    1. A ver, que sepas que mi primera opción fue la del pobre hombre gritando apoyado en el antepecho de la ventana: “Klaatu. Barada. ¡Necejem!” y que el libro se lo comiera por haber dicho mal la frase, pero me suena que la escena ya estaba pillada…
      ¡Un abrazo y gracias por tu comentario!

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