Conversación a caballo cerca del cráter

CONVERSACIÓN A CABALLO CERCA DEL CRÁTERcrater-de-impacto

 Los dos hombres montaban sus nobles bestias haciéndolas caminar a paso tranquilo; casi podría decirse que estaban disfrutando del paisaje…, si no fuera porque la tierra que los rodeaba era una extensión casi yerma, una enorme estepa en la que tan solo crecían matorrales raquíticos y algún que otro árbol de tronco retorcido y hojas pardas en vez de verdes.

Uno de ellos, rubio, de ojos verdosos y facciones estilizadas, señaló hacia delante. El otro, más bajo y algo grueso, vestido con las mejores ropas que se podían encontrar en el reino, miró en la dirección que su compañero indicaba.

—¡Por fin lo contemplan mis ojos! —exclamó el rubio, cuyo nombre era Daniar—. ¡El famoso cráter por el que vuestra nación es tan afamada!

—Bueno… —El otro, Jashiu, se removió inquieto en la silla—. En realidad, al reino se le conocen por otras muchas cosas.

—Sí, sí. —Daniar movió la mano con impaciencia—. Por vuestros vinos, vuestras capas de seda y por los excelentes pastelillos de miel. —Pareció que se hubiera acordado entonces de que llevaba en el zurrón algunos de ellos al nombrarlo, pues metió la mano en él y sacó un pequeño cuadrado de hojaldre, que se llevó de inmediato a la boca. Masticándolo, continuó—: Pero si por algo llegan miles y miles de curiosos al año a esta baldía tierra, es por eso, amigo mío.

Jashiu asintió. Tenía que reconocer que todo el negocio turístico que se había formado en su país era, en realidad, consecuencia de ese misterioso, fantástico y extrañísimo cráter: acudían gentes de todo el mundo solo para verlo y volver a su hogar para contar que habían estado junto al más prodigioso de los misterios, cada cual con su propia e imaginativa teoría acerca de su origen.

—Y pensar que gracias a eso os convertisteis en un país independiente…

Jashiu giró la cabeza con rapidez hacia el rubio. Este había dicho sus últimas palabras con un rostro que traslucía tristeza.

—¿Como que gracias a eso? —preguntó Jashiu, intrigado.

—¡Ja! —Daniar soltó una risotada amarga y comió otro pastel—. Nuestros historiadores han logrado descubrir algo que estaba oculto en las nieblas del pasado.

—¿Y eso es…?

—Algo que guardabais con celo, ¡pillines! —respondió Daniar agitando el índice como un profesor de escuela que pilla copiando a un estudiante.

Jashiu se encogió de hombros, sin entender, y dijo:

—No sé a qué te refieres, Daniar.

El otro suspiró y tiró de las riendas con suavidad para hacer que su caballo se detuviera. Cruzó las manos sobre el pomo de la silla y adoptó un aire condescendiente al explicarse:

—La guerra que libró tu país… que libraron tus antepasados —se corrigió—, la revuelta contra el Imperio, acabó cuando un ejército de dragones surgió de ahí. —Señaló de nuevo al cráter y asintió para dar mayor fuerza a sus palabras—. Nuestras tropas no pudieron hacer nada ante vuestros poderosos aliados y el emperador tuvo que firmar la paz… concediendo el estatus de país libre a tu reino.

Jashiu se rascó la barba de tres días produciendo un sonido de raspado. Su amigo, al que conocía desde hace muchos años, solía decir tonterías, pero siempre cuando llevaba varias copas de vino en el cuerpo, que no era el caso.

—Eso es absurdo —replicó—. Los dragones no existen.

—Claro. Eso dicen los que no quieren que se sepa que los dragones existen.

Jashiu abrió la boca para protestar, pero prefirió cerrarla. El brillo en los ojos de su amigo le indicó que nada que dijera haría que cambiase de opinión. El Imperio, pese a los siglos pasados —y las relaciones amistosas y comerciales que existían entre él y el reino en que vivía Jashiu—, nunca había llevado bien que un pequeño ejército de revoltosos lograra configurarse como entidad independiente.

Y, según parecía, ahora habían encontrado una forma de justificar la derrota. Una forma muy imaginativa, todo había que decirlo.

Jashiu sonrió a su amigo intentando dar a su cara un aspecto enigmático y, tras unos momentos, dijo:

—Bueno, el cráter es muy profundo. Nunca se sabe qué puede albergar en su interior.

Siguieron cabalgando.

Conversación a caballo junto al cráter

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20 respuestas a “Conversación a caballo cerca del cráter

  1. Pero, ¿dentro del cráter hay lava? O solo, ¿un agujero, profundo y negro? Es para hacerme una idea de la situación, ajajaja, para ver donde tiro al sobrino, por favor más tonto y no nace. Muy interesante Lord, a ver si nos sales por los paisos catalanes, ajajajajajaja

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  2. Está claro dónde uno no quiere, dos no discuten. Pero todo agujero se tapa, por gordo que sea, echándole morro y con una oferta pública de venta de acciones cotizadas. Los dragones ha tiempo volaron con la pasta a Las Bermudas. Un abrazo.

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    1. Y en un nuevo episodio del cráter: La aviesa y torticera Sadire, aprovechando un descuido de Lord Alce (que estaba mirando a las avutardas), le pone la zancadilla a riesgo de ganarse tarjeta roja y lo tira por la boca del agujero. ¡Cuánta maldad hay en este mundo, por favor! 😀 😀 😀

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