Iván Gimeno: Sin título (Story Cubes)

Mi buen amigo Iván Gimeno sacó a la venta, mediante Ediciones Atlantis (web, aquí) su antología Relatos de Karima, ocho textos de fantasía que son un buen caramelo para quienes disfrutamos con este género.

Aquí tenemos una muestra de su buen hacer cuando se pone a escribir. Un corto relato sencillamente fabuloso hecho a partir de las tiradas de los dados del juego Story Cubes (para saber más sobre esto, aquí)

El libro se puede adquirir aquí.

Y la página de Iván en la editorial es esta.


SIN TÍTULOStory Cubes 3.jpg

—Profe, profe —dijo David levantando insistentemente la mano para que le viera al fondo de la clase donde se encontraba.

Don Herminio levantó la vista de su móvil, chasqueó la lengua con disgusto y se empujó las gafas con el dedo corazón de la mano derecha.

—Dime, David, ¿qué ocurre ahora?

—Mi madre dice que hoy va a haber luna llena y que cuando hay luna llena pasan cosas de lo más extraño.

Varios niños se rieron y nadie en la clase pudo escuchar el comentario que Don Herminio soltó por lo bajo.

—Lo raro sería que te callaras por una vez… —susurró con muy mala baba—. ¡Venga, seguid con esas restas! que en diez minutos las corregimos.

David se quedó con la mano levantada intentando intervenir de nuevo, pero Don Herminio volvió su atención al móvil y se abstrajo totalmente de los ruidos de la clase. El grupo de WhatsApp de los profes del colegio estaba de lo más caldeado aquella mañana. Buscó el emoticono del mono tapándose los ojos y el del que se parte de risa y sonrió al mandarlo mientras se volvía a subir las gafas con el dedo corazón.

La campana sonó y la clase finalizó. Don Herminio guardó su móvil y salió mientras se oía de fondo a David advirtiendo a sus compañeros.

—Que sí, que es verdad, que me lo ha dicho mi madre. Los que no lo creéis sois los que más posibilidades tenéis de padecerlo —dijo agitando el dedo amenazador.

—Y una mierda —respondió Don Herminio para el cuello de su camisa mientras cerraba la puerta de la clase para dirigirse a la siguiente.

El día pasó rápido y en un periquete, Don Herminio se encontraba saliendo del colegio. Marchó andando a casa, pues le gustaba pasear al aire libre para despejar la cabeza. Se embozó en el abrigo. El frío aire invernal de Zaragoza era de lo más crudo que había sentido y eso que se consideraba hombre de mundo. Caminaba tranquilamente entre la gente que se afanaba por hacer las compras navideñas antes de que los precios se disparasen. Las farolas se encendieron y en un acto reflejo Don Herminio se encogió más buscando el calor de su abrigo.

Dobló una esquina y se encontró con el escaparate de una tienda que siempre le encantaba admirar. Presidiendo una comitiva de juguetes antiguos hechos a mano, de lo más variopinta, se encontraba una marioneta pendiente de sus hilos. Le llamaba enormemente la atención porque lo habían colocado de forma que apenas se le distinguía el rostro y creía que, dado el detalle con el que estaban confeccionadas las ropas de tela que vestía, la calidad del tallado de las manos y de los zapatos, debía de tener un rostro magnífico. Siempre se agachaba intentando verlo y siempre pensaba que debería entrar para decirle al tendero que colocara bien el títere, pero en el horario que pasaba por allí estaba cerrada.

Don Herminio se inclinó y giró el cuello forzando la postura. El rostro del títere le era esquivo. Creía que podría alcanzar a verle alguna facción, pero en el cristal del escaparate se reflejaba justo la luna llena que se lo impedía.

Se giró a mirar hacia el cielo nocturno y allí, rechoncha y sonriente, entre nubes que amenazaban tormenta, se encontraba la luna.

—Cuando hay luna llena pasan cosas de lo más extraño —dijo burlón imitando la voz de un niño.

Se giró de nuevo hacia el escaparate y sintió el corazón saliéndose de su cuerpo. El títere le estaba mirando directamente a los ojos a través de unas pequeñas gafas. El rostro era calcado al suyo propio. Dio dos pasos atrás y se tropezó con su propio pie cayendo largo de espaldas en la acera. El tambor de su pecho tocaba a guerra y la luna llena se reía en lo alto mientras era devorada por una negra nube. Creyó ver algo en la nube, ¿o era alguien? Sí, sin duda se trataba de alguien, pero eso no era posible. Un barbado y musculado ser de gran tamaño alzó su mano y en esta se formó un rayo. Con precisa puntería lo lanzó y el impacto hizo que su corazón se parara.

Don Herminio despertó. Parecía estar colgado de alguna parte. Sonrió. Al menos estaba vivo y nada le dolía. No, nada le dolía pero es que no sentía nada, no sentía su cuerpo. Levantó el rostro y vio el escaparate. Al otro lado del cristal dos enfermeros se estaban llevando su cuerpo en camilla. Estaba totalmente tapado por una sábana verde. Comprendió lo que ocurría y al mirar hacia arriba vio los hilos que sujetaban todas sus extremidades. Gritó pero su boca no se abrió, pues era de madera y lo único que se oía era la sirena de la ambulancia al alejarse.

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6 respuestas a “Iván Gimeno: Sin título (Story Cubes)

  1. Gran relato, sí señor. Se nota que también es aficionado a la Astronomía 😀 así sólo pueden salir cosas buenas 😛
    Lo de los dados lo conozco. De hecho he estado tentado varias veces con hacerme con el básico —porque mira que hay variantes y complementos—, pero realmente me parece más un capricho mío que una necesidad. Y como de caprichos no vamos a hablar ahora…
    Lo dicho, aunque me repito del otro día, gracias por darnos a conocer a Iván.

    Le gusta a 3 personas

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