Al final de los relatos

AL FINAL DE LOS RELATOSmarove-3-un barco solitario_.jpg

—Aquí estamos.

—Aquí estamos. Eso es.

Los dos hombres se miran con expresión apesadumbrada, incluso tristona. Son dos figuras muy diferentes en aspecto y sus personalidades, del mismo modo, resultan opuestas, pero son amigos y sienten una conexión entre sus almas más fuerte de lo que pueden explicar.

Pero sí, son muy diferentes y nadie los tomaría por hermanos, ni siquiera por amigos. El uno, alto, espigado, de piel tan blanca como el más blanco alabastro y facciones delicadas, casi femeninas, en un rostro apuntado de pómulos altos y ojos que brillaban con un fuego carmesí. Su melena oscura se agita por el viento cargado de sal que sopla sobre la cubierta del barco en el que se encuentran.

El otro, algo más bajo, más fornido de espalda y hombros, parece tener una pátina de bronce sobre unos músculos cincelados por el mejor de los artistas. En su faz también hay nobleza, pero ahí acaba toda similitud, pues es dado a la risa, pese a todas las penurias por las que había tenido que pasar.

—No puedo quejarme —dice el hombre de piel morena—. He luchado, he amado, he vivido.

—De nada serviría hacerlo.

—¿El qué? —pregunta mientras coloca un pie sobre el barandado de proa.

—Quejarse. No serviría de nada —explica el albino—. Nuestros actos están condicionados por los Hados. Todo estaba decidido ya antes de que naciéramos.

—Quizá sí, quizá no —replica su amigo. Fija la vista en lontananza, más allá del horizonte azul y dice—: Pero, aunque haya caído el telón de nuestras vidas, miro hacia atrás y me siento satisfecho.

El albino ahoga un bufido para no molestar a su compañero, pero este ve en sus ojos que no está de acuerdo con él y sacude la cabeza, suspirando.

—No os convenceré, lo sé. No os enfadéis si os digo que vivís atormentado por cosas que no fueron responsabilidad vuestra, pero que os regodeáis en vuestra propia miseria.

Un destello de ira cruza los ojos del albino, aunquesu voz es calmada cuando dice:

—Fue mi mano la que acabó con todos aquellos a los que odiaba… y con todos aquellos a los que amaba. Me convertí en el destructor de toda vida, en el asesino de un mundo, y ni siquiera entonces encontré solaz.

—Las manipulaciones de un ente superior a vos, amigo mío, fueron quienes os obligaron a…

—¡No! —exclama el albino interrumpiéndolo—. Fue mi mano la que empuñó las armas que sellaron el destino de mi mundo. ¿No lo entendéis? ¿Acaso es tan complicado de creer que soy un peón, pero un peón que podría haber hecho algo? Haber hecho… más…

La voz del albino se quiebra y calla, sollozando. Su amigo lleva la mano a su hombro para confortarlo, duda un instante y, por fin, la posa con suavidad. El otro agradece el contacto y continúa:

—Aunque todo ya da igual. El telón de mi historia ya ha caído y solo quedará el olvido para mí y los míos. Funesto destino para alguien que ha pasado su vida luchando.

—También mi telón ha caído, os recuerdo —protesta el hombre de piel morena, molesto—. También mi esposa, mi conde, mis amigos quedarán relegados a las nieblas de la no existencia.

—¿Veis lo que digo? —El albino sonríe con tristeza girando la cara hacia su amigo—. El olvido, solo el olvido nos aguarda.

—¡Ah! ¡Pero vos fuisteis rey emperador y poderoso hechicero! ¿Acaso eso no cuenta?

—¿Y vos? Vos fuisteis el destructor de un imperio maligno y terrible. Gran proeza.

—¿Comparamos entonces nuestras gestas, amigo mío? —pregunta con sorna. Ambos ríen.

El barco, con solo ellos dos a bordo, continúa avanzando con las velas hinchadas por un fuerte viento, aunque no tumultuoso. Es una travesía extraña, onírica, cuyo destino les resulta desconocido.

Los dos amigos, que habían permanecido callados un tiempo, se sobresaltan al escuchar unos firmes pasos a su espalda, y una voz, grave, profunda, varonil, dice:

—¡Maese Elric! ¡Maese Dorian! Veo que habéis llegado antes que yo a este… barco…

Al girarse, ven a un hombre alto y delgado, de larga melena rubia que parece fundirse con la capa escarlata con la que cubre su armadura.

—¡Maese Corum! —exclaman los dos, sorprendidos.

—¿También vos aquí, amigo? —pregunta Elric, abrazándolo.

—Eso parece. —Corum mira a Dorian Hawkmoon y le sonríe—. Parece que nuestras aventuras han tocado a su fin. Quizá allá se encuentre Tanelorn —concluye señalando hacia donde apunta la proa del barco.

—¿Por qué decís eso? —inquiere el albino.

—La ciudad eterna… Quizá la alcancemos ahora que ya no estamos sujetos a los caprichos del destino. ¿No notáis la liberación? ¿Como si hubieseis escapado de un guion que constriñera vuestros actos?

Al decirlo Corum, los otros tienen que reconocer que hay verdad en sus palabras. Hasta ese momento, habían sentido algo, una especie de opresión, una cuerda que los guiara allá por donde, quisieran o no, alguien o algo tenía a bien conducirlos.

Sin embargo, en ese momento… Se sentían libres. Elric lo sintió. Dorian lo sintió. Quizá el fin de sus aventuras daba paso a otras por completo diferentes.

Quizá…

—Sí —sentencia Elric—. Quizá hallemos Tanelorn.


Creado con todo respeto a Michael Moorcok y su magna obra de fantasía.


13 respuestas a “Al final de los relatos

  1. El relato está genial, pero Lord: “Su melena oscura, recogida en un alto moño, se agita por el viento” dime como se agita la melena si es un moño, ajajaj.

    Por cierto, ¿dónde está ese amigo tuyo que siempre te decía la ortografía? Fíjate que lo he extrañado.

    Me gusta

  2. Leído y disfrutado como ameritan los escritores bienquistos, a pesar de que en el párrafo quinto aparece un, más que inútil, dañino “pero” y en el mismo entre “risa” y “pese” ha de ir una coma explicativa. Otro tanto ocurre en el párrafo décimo, ha de ir coma entre “Pero” y “aunque”. En el doce, en lugar de coma, ha de aparecer “es” entre “pero” y “que”. En el catorce, “placer” resulta menos rebuscado que “solaz”. En el treinta y dos, se te ha pasado por alto poner la tilde en el “Como” que aparece entre los signos de interrogación.

    Saludos

    Me gusta

    1. Vamos con las correcciones que amablemente me ofreces (esta vez he estado un poco espeso en la corrección 😀 ). ¡Gracias!
      No obstante, dejo “solaz” precisamente por ese regusto añejo, rebuscado 😉 En cuanto al “Como”, no es adverbio interrogativo: se trata de la propoción, si no me equivoco.

      Me gusta

      1. Entonces, ¿qué sentido tienen los signos de interrogación? ¿No sería mejor haberlo expresado así: “¿No notáis la liberación como si hubieseis escapado de un guion que constriñera vuestros actos?” Entiendo que resulta menos farragoso.

        Me gusta

      2. Al enmarcarlo entre dos parejas de signos interrogativos, creo que se simula una pausa dramática entre ambas preguntas, pese a que, como bien señalas, formarían parte de la misma frase interrogativa si seguimos las reglas ortográficas. Lo hago así por intentar captar un tono algo más “conversacional”…

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s