Frank Herbert: Dune

FRANK HERBERT: DUNE

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Cubierta de la edición de bolsillo.

Para este año, entre mis propósitos de lectura, está releer la saga de Dune. O, mejor dicho, terminarla releyendo los tres primeros, que fueron los que, hace muchos años, ya terminé. Compuesta por seis libros (1), es considerada unánimemente como una obra capital de la ciencia ficción, quizá incluso la mejor saga que se haya escrito del género, de la que se suele decir que es lo que El señor de los anillos a la fantasía. Estas clasificaciones, comparaciones y demás, la verdad, me resultan simples memeces más propias de marketing que otra cosa, pero, en fin, así nos ponemos en situación.

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Los temibles gusanos de arena de Arrakis.

El caso es que Dune, como se conoce al planeta Arrakis, donde tiene lugar casi toda la acción de la primera novela, es una obra enorme publicada en 1965, por lo que ya tiene sus años. Eso, muchas veces, supone un lastre a la hora de afrontar literatura de género, puesto que tanto en ci-fi como en fantasía los gustos han evolucionado en gran medida y, además, las sensibilidades, pensamientos y, muy importante, los logros tecnológicos, han evolucionado a velocidades supersónicas, provocando, en ocasiones, situaciones que nos resultan cómicas al comprobar que los vaticinios escritos en obras de ciencia ficción resultan inadecuados o absurdos (2). Ni siquiera las obras que tienen lugar en un tiempo muy lejano se salvan de tener estas incoherencias al compararse con nuestra evolución tecnológica y científica, y el que la ciencia ficción haya siempre tenido una especie de manto profético tiende a que pueda ser desacreditada por no haber sabido “acertar”. Esto, por supuesto, es algo que no debe afectar a la lectura: a fin de cuentas, la ci-fi es escritura de ficción, y no tiene por qué ceñirse a las reglas de nuestra realidad, independientemente de que los autores del género tienden a jugar con el presente para inventar un futuro probable.

Dune
Carátula de la película de Lynch.

A lo que iba, que me he ido por las ramas. El caso es que Dune, además de ser una lectura que ha envejecido estupendamente con el paso del tiempo (3), transcurre en un futuro muy lejano, y Herbert establece una serie de diferencias con respecto a nuestra sociedad actual, así como una colección de modelos humanos evolucionados que resultan extraños, casi alienígenas, a nuestros ojos. Plantea un Imperio galáctico humano que se ha extendido por las estrellas… pero que resulta muy reconocible en ciertos aspectos históricos. La estructura política del mismo recuerda al Imperio Austrohúngaro, hay conceptos relativos a una macromultinacional que controla el recurso más precioso, la narrativa del héroe remite a las hazañas de T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia), la fe islámica de las tribus árabes se reconoce, aunque transformada, hay preceptos que parecen sacados del budismo zen… En suma, Dune presenta una colección de elementos que podemos identificar al formar parte de nuestra historia, pero retorcidos, deformados y manipulados de forma tal que el universo que crea Herbert es algo completamente diferente y, en ocasiones, muy extraño y casi difícil de comprender.

Rica en simbolismo, el gran eje central de la novela es, no obstante, la ecología. Es decir, la ecología como ciencia que el propio autor dijo que era “la ciencia de las consecuencias”, y que aplicada al libro tiene su máxima expresión en el personaje del planetólogo imperial Kynes, un personaje que, pese a no llegar a la última página, impregna todas y cada una de las líneas mediante su proyecto de terraformación, su paciente trabajo de conversión del desértico mundo de Arrakis en un paraíso verde, en un nuevo Edén. Existe también otro eje, que sin embargo se desarrolla en las siguientes novelas: el del mesianismo, con la figura del protagonista Paul Atreides, un héroe clásico (no hay que olvidar, en este sentido, la toma por parte de Herbert de nombres de los mitos griegos) que realiza su viaje iniciático para completarlo renacido como semidiós.

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Kyle MacLachlan, como Paul Atreides.

Hay que decir que, ya que hablamos de personajes, Herbert también presta especial atención a dos personajes femeninos que, sin embargo, y a pesar de estar muy bien desarrolladas, no dejan de ser en muchas ocasiones “la madre de” y “la amante de” Paul Atreides, dando la impresión de que gravitan en torno al héroe y, por tanto, siendo demasiado secundarias. Sin embargo, y como la gran Mary Beard dice, no hay que desligarlo del contexto, y, a mi juicio, el estupendo dibujo que de Jessica Atreides y Chani (así como la de la Orden Bene Gesserit, una cofradía de mujeres que tienen gran influencia en el devenir de los acontecimientos galácticos) es todo un triunfo a pesar de ciertos ramalazos patriarcales e incluso machistas (4)

Es una novela densa, hay que reconocerlo, pero narrada de forma ágil, con solo los impedimentos que pueda suponer la introducción de vocablos creados por el propio Herbert o tomados de lenguas extrañas y poco conocidas. Su lectura me ha resultado absorbente y, pese a su extensión, no se puede dejar de leer gracias a un estilo rápido, con diálogos fluidos y escenas de acción narradas de forma ligera,

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Los malvados Harkonen.

con una multitud de personajes perfectamente distinguibles que viven, piensan y toman decisiones de forma orgánica y natural siguiendo sus propios planes, unos planes que, finalmente, colisionan en un final épico cerrado por un diálogo (y esto me encanta) que tiene lugar entre las dos mujeres principales del mismo… refiriéndose a la que será la esposa de Paul Atreides.

Una última cosa sobre Dune: El enorme éxito de Herbert hizo que, en 1984, David Lynch (sí, ese David Lynch) hiciera una adaptación que he visto varias veces y que no tiene pérdida. Capta a la perfección la extraña atmósfera de la novela y es barroca visualmente, colorida y hermosa, como una colección de cuadros surrealistas pasados por un filtro de naturalismo… en un marco de ciencia ficción. También lo que rodeó su producción es digno de saber, pues en el diseño estuvo presente el mismo Dalí, con todo lo que ello supone dada la mente alocada (y absurdamente histriónica, añado) del de Figueras. También hay un par de miniseries, amenas, pero que no llegan a captar la esencia de Dune, y parece que la nueva versión para cines está en marcha definitivamente; estando a los mandos Denis Villeneuve, la verdad es que tengo muchas ganas de verla estrenada.

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Fotograma de Dune. ¡Sí, es Sting!

1: Y dos más escritos por su hijo Brian y Kevin J. Anderson a partir de las notas que el autor dejó, además de otras dos trilogías que tienen lugar en el pasado inmediato y el remoto de la saga. Un buen puñado de novelas. Cuando algo vende…, pues eso.

2: Como en el 2015 de Regreso al futuro II, por ejemplo, y a modo de chascarrillo, pero los ejemplos son muchos.

3: No hace mucho releí la saga de la Fundación, de Isaac Asimov, y he de decir, para mi disgusto, que me resultó mucho más rancia y añeja que cuando la leí de crío.

4: También comprensibles al tomar como modelo la organización de las tribus árabes desérticas que comentaba antes.

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6 respuestas a “Frank Herbert: Dune

  1. De «Dune» tengo sentimientos encontrados. Por un lado, me gusta la sensación continua de aventura, que acelera algo la paquidérmica lectura, por otro lado, una sensación constante de cambio… constante, que hay veces que descoloca al lector y que me parece excesiva.
    Lo mejor, la forma de enlazar los seis libros sin dejar hueco y prácticamente haciendo totalmente independientes las novelas. Lo peor, los truños de la cuarta y la quinta parte; unos auténticos tostones que desmerecen, para mi gusto, las anteriores, y que valen simplemente para dar vueltas en torno al universo Dune pero cargadas de esos cambios excesivos comentados.
    Por último, un sexto volumen «descolocador», que sí que me gustó, menos que el primero y el segundo, pero muy interesante al fin.
    Aunque el balance subjetivo es positivo, no creo que la vuelva a leer, a pesar de que, como dices, parece haber envejecido muy bien.
    Y sí, Asimov, en general, hay estupendísimas excepciones, no lo hace tan bien, quizá por no resultar tan «lejano» en conceptos sociales y culturales.

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      1. Es sólo una opinión personal… aunque al comentarlo con más gente están de acuerdo, si bien de forma no tan contundente.
        Espero tus comentarios, a ver qué tal.

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      2. Claro, todo esto de me gusta tal o tal libro es subjetivo, ya te diré. Además, con visión de conjunto, que me los voy a leer casi seguidos (intercalando otra lectura entre cada ejemplar de la saga)

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  2. Mítica saga Dune… de la que solo leí el primero hace muuuuucho, muuuuucho tiempo. Y luego salió la peli y quise verla, con lo que no continué con la saga jajaja ¿Pereza? No lo recuerdo, creo que otros libros me atrajeron por entonces…
    Saluos, Lord 😉

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