Adelanto de novela chick-lit

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Curiosamente, hoy me paso por aquí para dejar una entrada en el blog. Digo curiosamente, porque en los últimos tiempos solo he tenido tiempo para hacer fugaces apariciones, pero resulta que hoy es mi segundo aniversario con Lord Alce lee y escribe. Casualidades que pasan, oye.

En fin, la cuestión es que, como he dicho alguna vez, sigo escribiendo, y mi nuevo proyecto, hecho conjuntamente con Sadire, del blog Divagaciones en rosa (enlace, aquí), está terminado. Bueno, es un decir: está terminada su redacción y ya le he dado una primera revisión, pero falta que sea juzgado por los lectores cero.

Se trata de una novela romántica, chick-lit, de extensión corta, un formato al que me estoy aficionando últimamente, pues permite la creación de sagas con mayor facilidad. En efecto, es el primero de un ciclo, las aventuras de un par de mujeres que… bueno, ya os contaremos más. Por ahora, solo decir que la novela de Sadire y la mía son simultáneas, que ambas son independientes pero con relación, porque sus experiencias son complementarias. Lo dicho, ya especificaremos.

Por de pronto, os dejo un adelanto, el incio de mi novela (de la cual, por cierto, aún no he ecidido el título. Ya me vale).

EN EL PARQUE, NO TODO SON ÁRBOLES Y RISAS

 Águeda lanzó un suspiro. Demasiado audible. Tanto, que hizo que una pareja de niños cercana la mirara y se carcajeara. Enrojeció hasta las orejas. Nunca le había gustado ser el centro de atención. Ni siquiera para algo que era tan poca cosa como lanzar un suspiro.

Lo que le pasaba era que había estado ensimismada, perdida en sus pensamientos, aunque, en realidad, no pensaba gran cosa. Se había limitado a contemplar la superficie del lago del parque, dejando resbalar la vista por las aguas tranquilas, que reflejaban los rayos de un sol límpido y hermoso, a las parejas que pedaleaban en sus botes con forma de cisne, a la mamá pato que guiaba con paciencia a sus chiquillos… Volvió a suspirar y los niños volvieron a reírse.

Les lanzó una mirada enfadada y el más pequeño, un diablillo rubio, le sacó la lengua y se fue corriendo.

—En fin —masculló Águeda, levantando la cámara fotográfica con la intención de tomar una instantánea del lago.

Le gustaba acudir al parque, un recinto amplio y bien cuidado en el que se podía pasear a la sombra de altos árboles, tomar un aperitivo en sus muchos quioscos, realizar deporte trotando por sus sendas de tierra o, si se tenía espíritu aventurero, entrar en la zona de escalada de pared y adventure park que combinaba tirolinas, troncos por los que caminar en precario equilibrio y redes en las que poder torcerte un tobillo o dos.

Águeda era del tipo tranquilo. La mera idea de arriesgar su integridad física la horrorizaba. ¡Si ni siquiera montaba en bicicleta, por favor! Ella iba al parque a pasar un rato tranquilo, sentándose en su banco favorito y tomando alguna que otra foto.

Era lo que había estado haciendo los cuatro días de vacaciones que llevaba. En la revista donde trabajaba —la edición española de Star Glamour— le habían recomendado que se tomara una quincena. O, mejor dicho, la habían obligado. Su jefa, Ana, no había aceptado un «no» por respuesta. Bueno, ni uno, ni siete, que eran los que había dicho Águeda.

—Te coges dos semanas y punto —zanjó Ana bajándose las gafas de pasta azul, un gesto que toda la redacción sabía que quería decir que la conversación se había acabado.

Y ahí estaba Águeda, de pie junto al lago, sin querer estar de vacaciones, sin un plan, sin ganas de viajar, sin… Sin nada, la verdad. Otro suspiro.

El divorcio estaba siendo más duro de lo que había pensado en un primer momento.

Se acercó su cámara —una muy buena cámara; de hecho, una de las más caras que tenía en casa—al ojo derecho. Nunca, jamás de los jamases, había utilizado los visores que incorporaban desde hacía unos años; lo sentía como una traición al Muy Noble Arte De La Fotografía. Así, con mayúsculas. Para Águeda, ser fotógrafa era algo más que una mera forma de ganarse las lentejas. Era un forma de vida.

Con sus reglas, sus rituales, sus manías… Con todo el kit.

Y, para ella, lo más sagrado era aplicar el ojo de manera directa a lo que se quería fotografiar.

Iba a pulsar el disparador para conseguir una toma anodina, similar a todas las que había guardado en la memoria del aparato —su manía de conservar cierto resabio a antiguo no abarcaba la forma de almacenamiento: reconocía que el carrete tuvo su momento, pero estaba muy demodé—, cuando alguien la empujó con fuerza, haciendo que perdiera el equilibrio. Trastabilló un par de pasos y braceó intentando recuperar la verticalidad, pensando que no lo iba a lograr y que acabaría en el suelo despatarrada. Echo un vistazo furibundo hacia quien había chocado con ella a punto de lanzar una ristra de insultos, pero lo que vio hizo que cerrara la boca.

Se trataba de un tipo enorme, que le sacaba casi dos cabezas, con brazos como troncos y un torso que bien podría utilizarse para jugar al corro de la patata, de lo grande que era. Rapado casi al cero, mostraba los dientes en una mueca feroz y, por un momento, Águeda pensó que iba a darle una paliza.

No fue el caso. Se limitó, con un manotazo, a robarle la cámara mientras ella seguía cayendo a tierra.

—¡Ay! —Fue lo único que atinó a decir. Se golpeó la rodilla y continuó el nada grácil movimiento hasta que todo su cuerpo estuvo en contacto con la hierba, dándose un tripazo. El golpe hizo que soltara el poco aire que le quedaba en los pulmones y las lágrimas comenzaron a brotar del dolor.

—¡Quieto ahí! ¡Que te pares, coño!

Águeda, desde el suelo, asistió atónita a una escena curiosa: una mujer, más o menos de su edad, vestida de negro —¡con el calor que hacía! — al estilo gótico, corría detrás del ladrón. Lo cual tenía bastante mérito, porque era todavía más menuda que Águeda, quien nunca había destacado por una imponente presencia física.

—¡Para, joder! —gritó la buena samaritana. Águeda se levantó sacudiéndose el polvo de los pantalones del chándal.

El ladrón miró hacia atrás y aceleró en su huida, aunque, si hubiera plantado cara a su perseguidora, tendría todas las de ganar. Bastantes metros y gritos después, estaba claro que no lo iba a coger. Como también estaba claro que se había quedado sin resuello, pues paró reduciendo poco a poco y se dobló, apoyando las manos sobre sus piernas, que asomaban muy blancas bajo la minifalda roja oscura.

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12 respuestas a “Adelanto de novela chick-lit

    1. Bueno, como ya he comentado, mi tiempo es muy escaso, así que el blog lo tengo muy dejado, dado que prefiero seguir escribiendo novelas… En fin, que, cuando pueda retomarlo, ya lo veréis.
      Es un texto “en bruto”, sin repasarlo siquiera una vez, así que no es su forma definitiva 😉
      ¡Un placer charlar con vos!

      Le gusta a 1 persona

  1. ¡Hoola! Acabo de entrar a worpress y me tope con tu blog. Que decir…estoy enamorada, con ansias espero leer esta novela.
    ¡Si puedes pasate por mi blog y dame tu opinión!

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    1. Hola! Con gran retraso, porque otros menesteres me han mantenido muy ocupado, te agradezco tus palabras. Espero que te guste “Águeda, galerista en prácticas”, y no olvides la novela de Sadire que transcurre a la par, “Eshter, galerista en prácticas”.
      Un abrazo!

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