La patrulla SN (II)

NOTA: Viene de La patrulla SN (I)

LA PATRULLA SN (II)noir_city_session56

No puedo decir que tenga más aguante que Harson, pero cualquiera que nos compare podría decir que la tétrica visión no me ha afectado en absoluto: mi compañero está blanco como la tiza, pero yo me agacho junto al trozo de cuerpo humano más cercano y, aunque lo que sí hago es taparme boca y nariz con el pañuelo para intentar mitigar el hedor, observo todo con profesionalidad, casi con frialdad.

Meneo la cabeza y suspiro, porque la identidad del culpable está clara como el agua del Lago Sordo, allá en el gran parque que las familias que dominan el cotarro utilizan para su ocio y esparcimiento.

—Un franki —digo, aún arrodillado.

—¿Sí? ¿Seguro? —pregunta Harson con tono anhelante. Estoy seguro de que quiere salir de la casa cuanto antes.

—Del todo.

No soy un experto en los monstruos que caza la Patrulla Sobrenatural, pero, como todos en la ciudad, me interesa saber qué puto bicho puede salir de alguna esquina e intentar chuparme la sangre, arrancarme los brazos o sorberme el cerebro por la nariz. Es una cuestión de autodefensa: si conoces qué es lo que quiere matarte, puedes defenderte… o intentarlo, al menos.

La brutalidad, la fuerza necesaria para desmembrar a estos pobres diablos de la habitación solo se da en una criatura del bestiario monstruoso de Ciudad Baldía. Los frankis son criaturas nacidas de la alquimia, repugnantes trozos de seres cosidos, pegados y grapados mediante maléficos conocimientos a los que se ha insuflado vida de diversas maneras, pero que siempre producen el mismo tipo de ser: matones irracionales empleados como músculo brutal por las organizaciones mafiosas que, tras un tiempo, se liberan del control que sus empleadores ejercen sobre ellos, desatando una tormenta de muerte y destrucción a su paso.

Saco el teléfono para decir al jefe que el caso no es nuestro, pero no llego a pulsar la pantalla para informar, pues mis ojos se ven atraídos por lo que, en un principio, había tomado por una salpicadura de sangre.

No es algo informe, es…

—Mierda —mascullo—. ¿Ves eso? —pregunto a Harson, señalando a la pared.

—Sí. ¿Qué…? ¡Oh! —exclama al darse cuenta de lo que quiero decir.

Es un símbolo que reconocemos ambos.

Es el símbolo heráldico de la familia Setegui, la más poderosa y rica de toda Ciudad Baldía, dibujado con sangre.


En el despacho del comisario, parece que el jefe ha tragado una pastilla de veneno. Tiene la cara que le va del azul al verde, sin acabar de digerir las malas noticias que Harson y yo le hemos llevado.

Por fin, tras un rato de fijar la vista en el techo, mirar el reloj, pasar unas cuantas hojas de expedientes y removerse inquieto en la silla, dice:

—Han hecho bien, detectives.

Sacudo la cabeza en agradecimiento. Es raro que suelte un halago, así que supongo que tiene que estar muy preocupado. Acojonado.

—Me encargaré personalmente de avisar a la Patrulla SN —añade—. Y, en cuanto a ustedes, ni una palabra. Nada de esto puede salir de aquí. Las implicaciones…

—Lo entendemos, jefe —digo con rapidez. No quiero meterme en una tormenta de mierda y hago el saludo, dispuesto a salir de ahí lo antes posible.

Harson asiente y el comisario se muerde la uña del pulgar.

—Pueden retirarse —nos despide.

Y eso es todo. Casi corriendo, vamos a nuestro escritorio con la intención de coger uno de nuestros casos normales por resolver y olvidar el asunto.

Lo cual, por supuesto, no pasa.

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17 respuestas a “La patrulla SN (II)

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