La patrulla SN (y V)

NOTA: Viene de La patrulla SN (I), La patrulla SN (II), La patrulla SN (III) y La patrulla SN (IV)6847796071_4d8e0a6d65_b.jpg

LA PATRULLA SN (V)

—Señor Setegui —comienzo—, el caso no ha sido fácil de resolver, porque había algunas cuantas pistas colocadas de forma tal que llevaran la investigación por derroteros que convenían a quien lo hizo. Me refiero a la carnicería de la calle Stomp, por supuesto.

—Por supuesto —dice él—. Continúe.

Me pregunto por qué este tipo, tan poderoso y peligroso, ha accedido a escuchar lo que tengo que decir, sobre todo, cuando es posible que le acuse de asesinato… Bien mirado, quizá le haga gracia que un pies planos se plante en su despacho y tenga la poca vergüenza de decirle un par de cosas. Incluso puede que se ría justo antes de mandar a un sicario que me corte la garganta. Sí, es posible.

Sigo hablando:

—No sé hasta qué punto está usted enterado de lo que ocurrió, pero se lo resumo. —Él accede con un leve asentimiento, dándome permiso—. Tres tipos aparecieron despedazados por un franki en la calle Stomp, lo cual no es raro cuando un franki se escapa de sus dueños, pero lo chocante era que habían dibujado el logo de su familia en la pared con sangre.

—El blasón —corrige él con tono ofendido y recalca—: el blasón familiar.

—Así que, la primera pregunta está clara: ¿a santo de qué un franki va a pintar eso? Sobre todo, teniendo en cuenta que tienen las neuronas justas para matar sin cagarse encima. —Mi gruesa broma no le hace ni puta gracia, así que carraspeo y me envaro. Espero que, así, resulte más profesional y no un payaso de feria.

»Es decir, ahí había gato encerrado. Era demasiado obvio que se trataba de un cebo para que los capullos de la policía diéramos tumbos de un lado a otro, porque nadie, y recalco nadie, tiene los huevos de venir a molestar a Juan José Setegui.

—Menos usted, por lo que se ve —comenta entre dientes, con ojos entrecerrados.

Me encojo de hombros y me detengo un instante. Considero la opción de mencionar la visita —sin los detalles físicos, por supuesto— de Julia, pero es mejor dejarlo estar. Por ahora, al menos.

—No me pregunte por qué, pero decidí seguir con el caso, pese a que era competencia de los SN. Cuando algo no me cuadra, soy como un perro con un hueso: lo tengo que roer hasta que le saco el tuétano.

»¡Y vaya si lo saqué! Tuve una corazonada y la seguí. Hablé —digo, marcando con énfasis lo de hablar— con varios mendas de los bajos fondos, ya sabe: chulos, yonquis, putas, algún que otro chorizo…, y uno a uno me fueron confirmando lo que pensaba.

—¿Y qué es, agente? —pregunta con un deje de impaciencia.

—Que alguien está preparando un golpe de mano contra usted, señor Setegui.

La revelación no lo sorprende. Al menos, no de forma visible. Se limita a cruzarse de brazos y dice:

—Supongamos que lo creo. ¿Qué saca usted de esto? No, no me responda —ordena, y se contesta a sí mismo—: dinero, imagino. Los sueldos de la policía son una miseria, así que quiere un buen fajo por sus servicios. O, quizá… ¿Quizá quiere usted entrar en nómina?

—No, señor Setegui. Ni lo uno ni lo otro —replico cruzando las piernas para adoptar una postura despreocupada—. ¿No le interesa saber quién intenta hacerse con su negocio?

—Un hombre como yo tiene muchos enemigos, agente. No me sorprende…

Se interrumpe al escuchar el sonido de la puerta. Julia entra en el despacho con rostro lívido y la copa de cóctel ya terminada aún en la mano. Supongo que ha debido escucharlo todo mediante… no sé, quizá algún mecanismo, trampilla o, sencillamente, pegando la oreja a la puerta.

—¿Julia? —pregunta el jefazo—. Estamos hablando, querida…

—Insisto —le interrumpo. Alzo la mano izquierda para desviar la atención de mi mano derecha, que se introduce bajo mi chaqueta—. ¿No quiere saber quién intenta hacerse con su tinglado? Porque la respuesta la tiene frente a usted.

Sin dejar tiempo a nada más, desenfundo con rapidez y disparo.

Un cerco carmesí se extiende en el pecho de Juan José Setegui; la mancha tiñe el blanco de seda de la camisa y chasco la lengua, casi molesto por el desperdicio de una buena prenda. El estampido ha asustado a la mujer, quien ha soltado la copa. Esta cae al suelo y se hace añicos.

—¿Por qué? —dice Julia abrazándose para intentar darse calor—. ¿Por qué lo has hecho?

Me levanto y aliso la camisa. Mientras camino, con paso lento y firme, hacia ella, enfundo mi arma y le dedico una sonrisa. La cojo de los hombros con cariño y digo:

—Porque no me gusta tu marido: nunca me ha gustado aunque no lo conociera en persona. Porque creo que tú puedes quererme a tu lado para ayudarte con el imperio de tu difunto esposo.

»Y porque tú, querida, seguro que eres mucho mejor en la cama que él.

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7 respuestas a “La patrulla SN (y V)

    1. Gracias, Javi, me alegra que te guste lo que escribo. Ese es el objetivo, hacer que quien me lea pase un rato entretenido 😉
      No sabía muy bien cómo enfocar el final, si te soy sincero, pero elegí por obviar la investigación y pasar al giro final. La trama queda un poco deslabazada, pero es un relato corto, a fin de cuentas, así que…

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  1. Disfrutado y leído como ameritan los escritores bienquistos.

    Sugerencias:

    Qué tal si en lugar de “Era demasiado obvio que era un cebo para que los capullos…” lo sustituyes por algo parecido a “Era demasiado obvio que se trataba de un cebo para que los capullos…”. Y si en lugar de “El estampido ha asustado a la mujer, quien ha soltado la copa. Esta cae al suelo y se hace añicos” lo cambias por “El estampido ha asustado a la mujer, que ha soltado la copa y esta se hace añicos al chocar con el suelo”.

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    1. Gracias, como siempre, por la contribución. De acuerdo con la primera sugerencia: tanto era-era parece que nos vamos a aventar el trigo. La segunda, es correcto lo que mencionas (no terminar la frase pues la causa y el efecto son continuos), pero el meter pausa me resulta más chocante… Lo dejo así 😉

      Le gusta a 2 personas

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