El romance del falso caballero: capítulo 6 (IX)

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6: (I) (II) (III) (IV) (V) (VI) (VII) (VIII)

tablaredonda

Tal y como había dicho Firdánir, no tardaron mucho en llegar a su destino. Sin embargo, este no resultó tal y como la joven esperaba; en vez de en un altozano, como hubiera sido lógico para dominar el territorio circundante, el castillo se encontraba en una profunda hondonada, de forma tal que lo contemplaron por encima de sus altas torres de guardia.

–Extraño –musitó Elin, fascinada por la extraña arquitectura. No se parecía a nada que hubiera en Inglaterra y, estaba segura, en toda Europa, pues el castillo consistía en una amplia explanada que bien podría ser un patio de armas, pero que no contaba con muralla que la circunvalase, presentando numerosas aberturas por las que un ejército enemigo podría aventurarse. Las torres, sin embargo, eran muchísimo más altas que la más alta torre de Camelot, elevándose como queriendo arañar el cielo, y Elin pensó que, de no estar construido en un sitio tan profundo, sin duda atravesarían las nubes.

El color de todas ellas era negro como la pez, y algunas ventanas aquí y allá, sin ningún tipo de regularidad, se abrían en los muros arrojando alfilerazos de una luz anaranjada, como la del fuego crepitante en la chimenea. En un par de ellas, el tejado cónico que las remataba estaba truncado, y por la parte superior salía un humo espesísimo; alguna voluta llegó hasta la nariz de la joven haciendo que la arrugara, pues el pestazo era hediondo, una mezcla entre carne descompuesta y aceite ardiendo.

En el centro de toda la estructura se erguía lo que sería el lugar desde el que aquel que llamaba Firdánir “Señor de los Elfos” dominaba su reino, un edificio triangular cuya altura sería de tres pisos –o eso pensó Elin, pues ni la perspectiva era la mejor para tales cálculos, ni sabía si la altura de un piso sería igual en ese mundo que en el suyo–; en la techumbre, plana, ondeaban decenas de estandartes en los que aparecía un dragón rampante sobre fondo verde montado por un pequeño jinete.

Elin se dio cuenta de que su compañero enarcaba una ceja, extrañado, mientras examinaban el castillo.

–¿Ocurre algo? –preguntó.

–Sí –asintió Firdánir, acariciándose el mentón preocupado–. Este no era el lugar del castillo.

–¿Qué queréis decir?

El elfo la miró con expresión desconsolada y contestó con un hilo de voz:

–Es su castillo, pero lo ha movido. No sé cómo ha podido, pero ha logrado trasladarlo…

–¡¿Cómo?! –Elin no podía creer lo que estaba oyendo. Había visto muchas cosas que desafiaban toda lógica en los últimos meses, pero lo que Firdánir estaba sugiriendo era… abrumador.

–No imagino –explicó él, pero hablando más bien para sí mismo– la cantidad de energía que ha utilizado para… esto. Si quedaba poca magia en el mundo, en mi mundo… seguro que ya no existirá ni una pizca. Va a terminar consumiéndolo todo.

–Ya habéis explicado eso, Firdánir –cortó Elin, pues estaba deseosa de bajar y rescatar a los caballeros.

–No, Elin. –El elfo meneó la cabeza, triste–. Esto es algo peor: cuando no quede un ápice de magia, el mundo se consumirá en las llamas del horror. Unas llamas reales, Elin. El mundo arderá hasta que no queden sino cenizas y el viento del Cosmos las disipe.

¡Sigue leyendo!

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53 thoughts on “El romance del falso caballero: capítulo 6 (IX)

    1. ¡Hola, Jesús! Gracias por pasarte y comentar 😉
      Lo cierto es que, a la hora de describir, intento ser lo más “cinemático” posible, describiendo las imágenes en mi cabeza de forma adecuada, pero sin llegar a ser plomizo con párrafos y párrafos. Prefiero un estilo directo, pinceladas que den al lector ocasión de rellenar los huecos con lo que les doy.
      ¡Un abrazo!

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      1. Sí, ya me di cuenta al revisar varios capítulos anteriores. De hecho, llegué a la conclusión de que el error se produjo porque anteriormente he estado leyendo algunos capítulos sueltos de alguien cuyo protagonista es una tal Eileen.
        Gracias por la atención y feliz día del libro.
        Saludos

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  1. ¡Vaya! Un castillo que han trasladado de sitio (no he podido evitar pensar en el Templo de Abu-Simbel, también trasladado piedra a piedra…)
    ¡¿Qué?! ¡¿Que se arderá el mundo, si se acaba la magia?! ¡Por Dios! ¡Elin debe preservar la magia para salvar a la humanidad! Un momento… Elin se ha convertido en Atreyu y la magia en fantasía jajaja 😉 Muy buen binomio.
    ¡¿Bueno, pero atacan el castillo ya o qué?! Aquí con tanta palabrería y sensiblería… jajaja 😉
    Cosillas:
    – Tercer párrafo: “…salia humo…” (falta el acento en salía)
    – Cuarto párrafo: dos cuyos usados demasiado juntos. “…sobre cuyo fondo verde… en cuyo lomo…” La descripción del estandarte queda demasiado forzada para mi gusto.
    – Tercer párrafo por el final: Hablas de la magia y de la energía (que son femeninas) pero dices “…acabará consumiéndolo” (creo que debería ser consumiéndola) Y falta el punto y a parte.

    Le gusta a 3 personas

      1. Nada, nada, no te preocupes, que este caballero siempre anda cizañeando. Mira si no en clase de haikus, la de veces que nos hemos tenido que medir con una guerra de gomas y tizas 😀 😀 😀 😀

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    1. Sí, cierto, pero el paralelismo me parece que no es del todo exacto: dudo que haya elfos de aquí para allá deslomándose acarreando piedras 😀 😀 😀
      Mira, no había caído en la referencia a “La historia interminable”. ¿Me habrá salido del inconsciente?
      Vamos con las correcciones:
      -Poniendo tilde pero ya
      – Cambio todo metiendo tijeretazo a: “(…) mundo que en el suyo–; en la techumbre, plana, ondeaban decenas de estandartes en los que aparecía un dragón rampante sobre fondo verde montado por un pequeño jinete”
      -Puesto el punto. En realidad, me refería al mundo: al usar toda la magia, consume el mundo. Pero es cierto que induce a equívoco, así que cambio la última frase a: “Va a terminar consumiéndolo todo”, ¿mejor así o le damos otra vuelta? 😉
      PS: Dales tiempo, que son solo dos 🙂

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      1. Los escritores plasma han decidido lanzar rayos catódicos que harán que la población quede hipnotizada y comience a leer como salvajes, dejando atrás la visualización de programas televisivos y…
        Nah. Demasiada ciencia ficción 🙂

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